Atajos visuales que empujan sin consentimiento—como botones engañosos, microcopys ambiguos o “confirma para salir”— erosionan la confianza. En su lugar, ofrece opciones simétricas, descripciones comprensibles y rutas de reversibilidad. Documenta decisiones, prueba con usuarios reales y publica cambios. Cuando la arquitectura respeta elecciones, las personas vuelven, recomiendan y exploran. La ética de interacción no frena resultados: los hace más sostenibles, menos frágiles y medibles.
El ojo recorre títulos, precios y condiciones en segundos. Asegura tamaños legibles, contrastes adecuados y campos visibles. Coloca costos adicionales junto al precio principal, no escondidos en enlaces. Estructura beneficios y limitaciones con la misma relevancia visual. La jerarquía honesta evita que la prisa se convierta en arrepentimiento. Además, mejora la accesibilidad, mostrando respeto por distintas capacidades y contextos de uso cotidianos, móviles o de escritorio.
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